domingo, 5 de mayo de 2013

Amanda I

Me colé en las paredes de aquel museo.
Aquellas esculturas de acero cortén me divertían desde las alturas.
Las personas aparecían y desaparecían como si estuviesen jugando a una especie de "escondite".
De repente me fijé en ella.
Con una dirección fija y con cara de sobriedad.
Hacía círculos como si fuese sonámbula, sin ninguna expresión, sola.
Era de verdad una chica extraña.
Quizás necesitase compañía.
Quizás podría haber bajado a acompañarla.
Quizás que se supiese cada recorrido de memoria con tanta seguridad me daba miedo.
Asi que simplemente me quedé estático observando como se movía de un sitio a otro.
Nadie mas que yo reparaba en lo que hacía.
Y ella volvía a empezar.
Siempre me han gustado los museos.
Y siempre me gustó Amanda.


Nunca sabremos si la naranja se llama naranja por la fruta o por el color

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